Resolver un problema

Esa es la base de cualquier negocio.

—No sé qué le pasa a mi computadora. La estoy usando normalmente y cuando la batería llega al 50%, se apaga — decía el mensaje.

Me lo envió una chica a la que suelo ayudar cuando tiene problemas con su computadora. Aprendí a reparar esos equipos hace unos años y algunos clientes de ese entonces aún me buscan hoy en día.

—Seguramente la batería está defectuosa. Hay que hacer una prueba, pero lo más seguro es que deba comprar una nueva —le contesté.

Me trajo la portátil, la revisé, y en efecto, la batería ya no servía.

Llamé al almacén donde suelo comprar esos repuestos y me dijeron que ese modelo de batería estaba agotado. ¿Por qué? No tengo idea.

Después de una espera de tres semanas me dijeron que ya tenían baterías en stock. Me puse una mascarilla (un accesorio infaltable en tiempo de pandemia) y mi gorra y fui a la parada de autobuses.

Una hora de viaje, una caminata de dos cuadras y tenía la nueva batería en mis manos.

Le envié un mensaje a la cliente:

—Ya tengo la nueva batería. Puede pasar retirándola cuando quiera.

Dos días después se pasó por mi casa. Probamos la portátil con la nueva batería para asegurarnos de que todo estuviera bien, me pagó y se la llevó.

Problema resuelto.

Hasta cierto punto me siento mal por cobrarle por algo tan simple, pero claro, si me contactó en lugar de resolver el problema por sí misma, es porque para ella no resulta tan fácil.

Yo sé cómo identificar el daño y dónde encontrar el repuesto que necesito a un precio justo y de buena calidad. Ella no.

Por eso me paga.

Funciona con computadoras, con idiomas y con todo

Toda la gente tiene problemas:

  • Mi computadora no funciona
  • No sé cocinar y no quiero vivir comiendo KFC
  • Estudié español en la escuela pero no puedo hablarlo bien

Mi negocio (unipersonal) ahora se enfoca en resolver ese último. Ayudo a mis estudiantes a entender y hablar español con fluidez para que puedan comunicarse correctamente con sus amigos, vecinos o compañeros de trabajo hispanos. Punto.

¿Por qué te cuento esto?

Porque cuando nos pica el bichito emprendedor tendemos a buscar ideas revolucionarias, y no es necesario. Muchas veces lo «único» que necesitamos es identificar un problema que seamos capaces de resolver y por el que la gente esté dispuesto a pagar.

Sí, ya sé que es más fácil decirlo que hacerlo, pero esa perspectiva simplifica mucho las cosas, especialmente cuando estamos en épocas difíciles, como la que nos trajo este condenado bicho.

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