Ponerse la camiseta

Frase usada en algunas compañías para decir «trabaja más duro pero no esperes que te paguemos más».

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Poco después de cumplir los 18 entré a trabajar en una empresa a la que llamaremos ABC. ¿Sabes qué? Mejor llamémosle Dr. Patito, que es como la conocíamos en aquel entonces.

Cuando empecé a trabajar ahí tenía un horario de lunes de viernes de 10 am a 6 pm por un salario ligeramente superior al básico. No era mucho pero era suficiente para un chico de esa edad.

En fin, pasó el tiempo y las condiciones cambiaron un poco. Debía trabajar los sábados y a cambio recibía un día libre entre semana dos veces al mes. El salario no cambió, por cierto, pero aun me parecía razonable así que acepté.

Después de un tiempo los días libres entre semana se suspendieron y los sábados se mantuvieron como laborables. A estas alturas ya no me sentía tan a gusto con los horarios, pero no hice nada al respecto.

Tenía la esperanza de que la empresa creciera y me dieran un cargo más algo. A los cinco años de trabajar ahí acepté qué eso nunca iba a pasar.

¿Qué tan motivado irías al trabajo a esas alturas?

Yo no mucho, la verdad.

Por cierto, al menos una vez al año tenía que capacitar al personal de ventas. Para eso debía estar en las diferentes sucursales a las 7 am (mi hora normal de ingreso era a las 10, ¿recuerdas?). Durante casi dos meses debía madrugar pues la mayoría de sucursales estaba lejos de mi casa y, ¿sabes cuánto me pagaban extra por esas madrugadas?

CERO.

Las últimas capacitaciones las daba muerto del sueño (eran como 26 sucursales, una diaria) y en lo único que pensaba durante todo el día era en la hora de irme a casa.

Y hablando de esas capacitaciones, la gota que derramó el vaso llegó cuando la empresa empezó a vender tablets en los almacenes (apenas aparecían en el mercado en ese entonces).

Me enviaron una para las capacitaciones y para hacer demostraciones a los clientes. Tuve ese juguete por varios meses hasta que por fin me dijeron que la envíe de vuelta a la bodega, pero un amigo de la empresa me hizo el favor de perder la caja de la tablet, así que la enviamos en una caja diferente.

Imagínate mi sorpresa cuando recibí un mail diciendo que «ya que envié ese juguete sin la caja original, me la iban a mandar de vueta junto con la factura de compra y que me iban a descontar el costo de la tablet de mi salario».

Pregunta:

¿En qué carajo les afectaba que no haya llegado con la caja original una tablet que estuve usando durante MESES por órdenes de ellos mismos? A mi lo que me pareció es que no querían perder el costo del equipo pues ya no podían ponerlo a la venta, y se la cargaron al pato que tenían trabajando para ellos.

A partir de entonces el trabajo me fastidió. Hacía lo que se suponía que debía hacer y me iba a casa (o al cine, con una amiga). Francamente me daba igual lo que pasara con la empresa (que empezaba a pasar por una mala racha en las ventas) así que me limitaba a hacer lo mínimo.

Cuál fue mi sorpresa cuando me reclamaron que mi actitud había cambiado. Ni siquiera pregutaron qué me pasaba o si estaba a gusto con el trabajo o algo. Simplemente les preocupaba que ya no hiciera las cosas del modo en que las hice por más de cinco años a cambio de un salario mínimo.

Sí, reconozco que la culpa también fue mía. Si ya no me encontraba a gusto lo mejor hubiera sido ponerme a buscar un nuevo trabajo en lugar de quedarme ahí hasta acabar odiando la empresa, pero bueno, luego hubo una reducción de personal y me eligieron para abandonar las filas de la compañía.

Fin del martirio.

¡Ojo!

Con todo esto no pretendo decir que las compañías deberían tratar como reyes a sus empleados. Ofrecen un empleo y pagan un sueldo a cambio de ese trabajo, eso ya es bastante. Pero si ofrecen lo mínimo a cambio de ese trabajo, tampoco esperen que uno se desviva por la empresa.

¿Sabes? Luego de esos incidentes mi lema fue, por mucho tiempo, que no vale la pena «ponerse la camiseta de la empresa» si a final de cuentas te echarán cuando ya no les seas útil, pero últimamente he cambiado de parecer.

Ahora trabajo por cuenta propia como profesor de inglés y español, pero también hago trabajo voluntario en una par de lugares y me la paso genial, en uno de esos lugares incluso tengo una camiseta/uniforme para ponerme, y me la pongo con gusto, y me da igual que el trabajo no sea remunerado (económicamente hablando), porque tiene otros beneficios que para mi valen más.

Entonces, si quieres «ponerte la camiseta de la empresa» y dar lo mejor de ti y un poco más, te lo reconozcan o no, dale. Pero hazlo porque te nace, porque quieres crecer profesionalmente, por cualquier razón excepto intentar mantener contento al dueño del kiosco.

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