El cliente no siempre tiene la razón

Andrés, he tomado clases de español por casi un año, y mi español no ha mejorado.

Esa fue la última vez que vi a ese estudiante.

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Foto de Siora Photography en Unsplash

Seré claro desde el principio.

Esa máxima de «el cliente siempre tiene la razón» no es cierta.

No sé quién se la inventó, pero seguramente lo hizo pensando que, si le daba siempre la razón a sus clientes, los mantendría felices.

Pues estaba equivocado.

Te cuento una historia

Hace algo más de un año me contactó un hombre que quería mejorar su español. Había viajado a latinoamérica cuando era joven y quería repetir la experiencia.

—¿Cómo te gustaría trabajar? —Le pregunté.

Las clases que ofrezco son personalizadas, así que el estudiante puede elegir qué tipo de materiales usar o en qué temas enfocar las clases.

—Solo quiero practicar conversación. —Me respondió.

Me pareció bien.

Cuando empecé a enseñar español en línea, me pareció un poco extraño que algunas personas pagaran dinero «solo» por hablar con un nativo. Con el paso del tiempo lo entendí.

Hay muchas personas que han estudiando español por años en la escuela, y conocen bastante bien la gramática, pero tienen dificultad para expresarse porque nunca tuvieron práctica real en ese sentido.

Otras personas han viajado a países hispanohablantes, una oportunidad increíble para practicar el idioma, pero cuando vuelven a casa, no quieren perder la fluidez que han ganado durante el viaje, así que intentan mantener su nivel hablando con nativos regularmente.

Una clase de conversación también tiene su ciencia, eso sí, no es cuestión de sentarse frente a la web cam y preguntarles qué hicieron el fin de semana, pero ya te contaré sobre eso otro día.

En fin, que el estudiante en cuestión solo quería practicar conversación.

Conforme el tiempo avanzaba, noté que tenía dificultad para expresar ciertas ideas en español, por lo que le sugerí incorporar un poco estructura gramatical, para que llenara esos vacíos que le impedían expresarse mejor.

—Es que la gramática me resulta aburrida. —Fue su respuesta.

—Ok, el cliente siempre tiene la razón. —Pensé yo.

Pasaron los meses, y las clases iban bien. El estudiante solía buscar videos en YouTube, cortos en español, y apuntaba las expresiones que no entendía. Durante las clases me preguntaba por su significado, y yo me encargaba de las explicaciones.

A decir verdad, tenía una memoria excelente. Si a mí me enseñas tres o cuatro frases en inglés en el mismo día, lo más seguro es que en el largo plazo solo recuerde una. Pero él no, recordaba prácticamente todas y en la siguiente clase ya las estaba usando como si las hubiera sabido siempre.

A pesar de todo eso, seguía teniendo dificultad para expresarse en ciertos contextos, por lo que le repetí:

—¿Y si estudiamos un poquito de gramática?

Y la respuesta volvió a ser:

—Es que la gramática me aburre. Solo quiero hablar.

Así que continuamos sin hacer cambios.

Cuál fue mi sorpresa cuando, un día, de pronto me sale con:

Andrés. he tomado clases de español por casi un año, y mi español no ha mejorado.

What?!

Durante ese año me esforcé para que en cada clase aprendas vocabulario nuevo, expresiones que usamos los nativos, que mejores tu pronuncación, ¿y no has mejorado nada?

Lo pensé, no lo dije.

En fin, que después de hacer las cosas como él quería, ahora resulta que la «falta de resultados» era culpa mía.

Bueno, lo fue en parte.

Como profesionales en nuestras áreas es nuestro deber ponerle las cosas claras al cliente.

Que él quiere que las cosas se hagan de cierta forma. ¡Perfecto! Pero que tenga claro que quizá los resultados que obtenga no sean los mismos que espera.

Hablando de ese estudiante en particular, su español sí mejoró, pero al parecer quería resultados más rápidos, algo que hubiéramos conseguido solo si hacíamos algunos cambios a su idea de lo que es un «plan de estudios».

¿Y ahora?

Ha pasado casi medio año desde esa conversación. No he vuelto a ver a ese estudiante, pero han llegado otros.

Ahora tengo cuidado para que la situación no se repita. Cuando un estudiante quiere adopar cierto enfoque para las clases, uno que podría ralentizar su progreso, se lo digo claramente. Algunos están de acuerdo con eso, en realidad lo único que quieren es mantener su nivel, mientras que otros lo reconsideran y cambiamos un poco las cosas.

Supongo que así se aprende, metiendo la pata y sacando lecciones de esos errores.

Ahora tengo claro que el cliente no siempre tiene la razón, y que dársela puede acabar perjudicando a ambos, así que ya no volveré a cometer esa equivocación en el futuro (espero), pero veamos cómo más meto la pata más adelante.

Hasta entonces,

Cambio y fuera.

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